Por Laura Gutierrez
Hay años que no se miden solo en resultados. Años que dejan marcas más profundas, que confirman convicciones y resignifican el camino recorrido. El 2025 fue uno de esos años. Un tiempo desafiante, intenso, pero también revelador: cuando el compromiso es genuino, los resultados trascienden.
En Unipar confirmamos algo que guía nuestro hacer cotidiano: la química no ocurre únicamente en procesos industriales. Sucede en cada vínculo que se fortalece, en cada decisión tomada con responsabilidad, en cada acción que busca generar un impacto positivo y duradero. Esa química —la que nace del propósito— es la que transforma realidades.
Los reconocimientos que recibimos a lo largo del año no son un punto de llegada. Son una consecuencia. Una señal de que el rumbo elegido, basado en la transparencia, la innovación y la cercanía con la comunidad, es el correcto. Detrás de cada distinción hay personas comprometidas, historias compartidas y una manera de hacer que pone a las personas y al entorno en el centro.
Ese espíritu se hizo especialmente visible tras la inundación que golpeó a Bahía Blanca. En medio de la urgencia y la incertidumbre, nació Sanar después de la tormenta: una respuesta colectiva atravesada por la empatía y la resiliencia. Acompañar, asistir, estar presentes —con insumos, con tiempo, con escucha— fue tan importante como cualquier recurso material. Esa experiencia nos recordó que la verdadera reconstrucción también es emocional y comunitaria.
Del mismo modo, iniciativas como el Vivero Unipar, que impulsa la recuperación de espacios verdes, la educación ambiental y la adopción de hábitos sostenibles, reflejan una convicción profunda: la sustentabilidad no es un discurso, sino una práctica diaria que se cultiva con paciencia y compromiso. Lo mismo sucede con los espacios de diálogo como el Consejo Comunitario Consultivo, donde escuchar y construir junto a la comunidad se transforma en acciones concretas para mejorar la salud, la seguridad, el ambiente y la educación.
También hacia adentro, el cuidado de las personas es una prioridad irrenunciable. Construir un entorno de trabajo saludable, inclusivo y humano es parte esencial de nuestra manera de entender el desarrollo y el futuro.
Al cerrar este capítulo, miramos hacia adelante con gratitud y con responsabilidad. Porque lo verdaderamente trascendente no son los premios, sino el compromiso que los hace posibles. Ese compromiso es el que nos proyecta hacia 2026 con más fuerza, convencidos de que cuando la química sucede con propósito, el impacto positivo se multiplica y deja huella.